COLEGIO OFICIAL DE INGENIEROS TÉCNICOS Y GRADOS EN MINAS Y ENERGÍA
DE ARAGÓN

Saluda del Decano

El Silencio de la Tierra

Nuestra profesión está rodeada de sonidos que se armonizan con el trabajo de poder aprovechar de la tierra, todos aquellos minerales que la propia evolución de la Tierra ha distribuido de forma aleatoria en los diversos territorios y a disposición de las distintas sociedades y culturas.

Estos sonidos, tales como el crepitar del carbón cuando es arrancado, el de los hastiales de madera luchando contra la presión del terreno, el de las lajas de piedra desgarradas por el artesano de la piedra ornamental, el tintineo de los áridos apilándose sobre los acopios, e incluso el de la detonación de una voladuras secuenciada; nos evocan no sólo la vida de nuestra profesión, sino el desarrollo propio de la sociedad, el poder aportar a la sociedad “todo” aquello que necesita para poder seguir disponiendo de “todos” los elementos que tiene a su alcance.  Esto es así ahora, lo será en el futuro y lo fue en el pasado cuando en las cuevas se oía el sonido de las lajas de sílex desprendiéndose de la piedra madre.

Estos sonidos para nosotros, son ruidos molestos para otros. Esta disyunción de interpretación es motivada por tres cuestiones importantes. La primera porque desde nuestra profesión y desde el propio sector minero no se ha sabido armonizar hasta hace poco tiempo, el aprovechamiento de lo que la Tierra nos da con una rehabilitación de lo que dejamos, con una sostenibilidad de medio. Lo cual ha sido muy grave y supone una losa encima de nuestra profesión que va a ser difícil levantar, pero hay que luchar por levantarla.  Otra cuestión a mencionar es que tampoco hemos sabido, ni sabemos, cómo hacer conscientes a “toda” la sociedad, de que todo lo que le rodea en casa, en el trabajo, en la calle;  sale de la minería, sale del sonido de la tierra.  Y por último, y no menos importante, hacer la reflexión de la hipocresía con que actúa a veces la sociedad, cuando la minería próxima, la minería de nuestro territorio, la considera ruido; pero los minerales traídos de otros territorios o países a precios bajos nos parece bella armonía.

Entre todos, y nuestra profesión debe de aportar más que otras, tenemos el reto de que los ruidos de la minería se conviertan, sino en bellas armonías, sí en sonidos más o menos armoniosos con el entorno, con la sociedad, con el consumo y con la sostenibilidad de nuestra tierra.

Todos ya hemos oído, ya hemos sentido, lo desagradable que es el silencio de las galerías vacías, de las plantas de áridos paradas al sol, de los tajos abiertos y vacíos. Nosotros como conocedores de la actividad minera, sabemos que este silencio se va abriendo camino en nuestra sociedad, sin que ésta se percate de que el silencio de la Tierra le supondrá no disponer de lo que la Tierra le ofrece y la sociedad necesita.

La inactividad por parte de todos, de cambiar esta concepción de lo que supone este sector y esta profesión, está haciendo que el sonido, el ruido, se convierta en el “silencio de la Tierra”.

El Decano-Presidente

Emilio Querol Monfil

 

 
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